miércoles, 23 de diciembre de 2009

A TRES BAJO CERO Y VESTIDOS DE CORTO I. El PRINCIPIO (Por José A. Torquemada)

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Cuando corrimos en Peñarroya hace un par de semanas Graciano (padre... o abuelo) se pasó toda la carrera echando pestes: “¡Qué necesidad tengo yo de estar aquí pasando penas!, ¡para qué me habré metido yo en esto!, ¿por qué no me habré quedado en mi casa?” y otras expresiones mucho más gruesas que, por educación, no quiero reproducir.

Durante la semana anterior a esta carrera no pude olvidarlo. Pensaba exactamente lo mismo que él. Todos los días lloviendo y las previsiones para el domingo eran 100% de lluvia. Es decir: tres horas de viaje para llegar, sufrir veintiún kilómetros y pico corriendo, y acabar como una sopa. Y de remate otras tres horitas de vuelta.

Mira por donde, el sábado cambia el tiempo y ya no va a llover, sólo está previsto un temporal siberiano de frío y viento. Vamos bien, pero sigo pensando lo mismo que Graciano.
Es más, como media España estaba en alerta por nieve y aquella zona está junto a la Sierra de Gredos, confieso que el sábado miré varias veces si a los organizadores se les había ocurrido la magnífica idea de suspender la carrera, así tendría una excusa perfecta para quedarme en casa y echarle la culpa a ellos.

Pero no. La cosa sigue adelante y el domingo a las seis de la mañana estoy en la Parada. Llevo puestos dos pares de calcetines; mallas y pantalón de chándal; camiseta de algodón, sudadera, chándal y anorak; guantes, gorro y bufanda. Y por si además le da por llover (70% de probabilidad), en el macuto llevo todo por duplicado.

He de reconocer que no tenía frío (¿cómo iba a tenerlo con tanta ropa?). Y cierto es que no hacía mucho: Por la noche no había helado y en el coche compruebo que estamos a un grado. Parece que la cosa va mejor de lo que pensaba.

¡Ja! En Peñarroya a cero grados, en Los Blázquez a uno bajo cero, en Peraleda a dos y en Miajadas paramos a desayunar a tres bajo cero. Y es sólo el principio. Media hora después, por los llanos de Cáceres nos ponemos a seis bajo cero. Son las ocho y media de la mañana y empezamos a ver que la Sierra de Gredos está nevada. A las nueve y algo, ya en Navalmoral, la cosa mejora pues “sólo” estamos a tres bajo cero. Eso sí, el día está soleado y no parece que vaya a llover. Algo es algo.

Y como viajar es conocer, de esta primera parte de la historia me quedo con dos cosas:
La primera es que hay quien se acostó a las cuatro de la madrugada y se levantó a las cinco y media. Sólo durmió hora y media y después hizo un carrerón. Me imagino que la noche anterior se pondría hasta las trancas de Red Bull o algo de eso.
Y la segunda es que nunca pensé que tan de mañana alguien fuera capaz de comerse las tostadas (en plural) que algunos se metieron pal cuerpo: grandes como zapatillas y no se veían porque las tapaba el jamón. No quedaron ni las migajas. ¡Un espectáculo digno de ver!

Entre el que no durmió y los de las tostadas con jamón sólo cabía esperar que no hubiera control antidoping.
(Continuará...)
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2 comentarios:

María dijo...

Cuantas veces hemos pensado todo lo que dijo Graciano!!!

FFELICES FIESTAS A TODOS!!!!

Eugenio dijo...

Desde tierras levantinas os deseo felices fiestas y prospero año 2010 a todos mis compañeros de fatiga.